Nov 19
amistad

La Amistad, un Valor en Alza

En las sesiones de coaching muchas veces solemos tocar el tema de los valores. Utilizamos la baraja de Simon Dolan de 51 cartas en la que cada una es un valor y buscamos entre todas las que más nos identifican en este momento. Tenemos que pensar que nuestros valores varían con el tiempo y que no tienen que ser los mismos los que tenemos con 19 años a los que tenemos con 40.

Esta sesión de valores que se realiza en el coaching nos ayuda a comprobar si somos y actuamos de forma congruente con los mismos ya que si no es así podríamos tener problemas de estrés y depresión.

También es importante saber cuáles son las creencias que asociamos a cada uno de estos valores, ver si estos están alineados con nuestros objetivos, pudiéndolos cambiar, trabajando las creencias, ya que el concepto de cada valor es distinto en cada persona según sus creencias.

Una vez hemos escogido los cinco valores con los que mejor nos identificamos, los ordenamos según nuestra preferencia y valoramos cada uno del uno al diez sobre cómo lo estamos utilizando. Luego recapacitamos sobre los resultados obtenidos.

Cada cierto tiempo saco la baraja de los valores y juego a identificar los cinco que más aprecio.

Aunque no siempre me salen los mismos, hay uno que no cambia y que es el que yo más valoro y que además suele salir más a menudo en las sesiones de coaching. Es el de la amistad.

 

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La amistad es una relación afectiva que se establece entre dos o más individuos, y a la cual están asociados valores fundamentales como el amor, la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso, y que se cultiva con el trato asiduo y el interés recíproco a lo largo del tiempo.

Hay distintos grados de amistad. Desde los amigos con quienes sentimos relaciones más lejanas, con quienes podemos pasar un rato agradable, pero que podemos estar sin ellos y no echarles en falta, que podríamos denominar de ji.ji,ja,ja, hasta aquellos con quienes el trato es tan estrecho que los consideramos “buenos amigos”, y que si los echamos en falta cuando no están.

Pero no todas las amistades suman, también existen amistades peligrosas como las que llamamos “tóxicas” que nos pueden hacer mucho daño.

LAS AMISTADES TÓXICAS

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Son estos amigos y amigas que siempre están en torno a algo negativo. Son propensos a criticar y les encantan los chismes y las intrigas acerca de los demás.

Son manipuladoras, y evitan las confrontaciones; hacen favores con facilidad y pocas veces dicen que no, aunque luego sacaran provecho de la situación. Explotan emocionalmente a los demás y saben cómo exaltar sentimientos de culpabilidad o lástima en otros de forma que puedan obtener aquello que desean. Son manipuladores hasta lograr tomar el control y beneficiarse de las víctimas que les rodean de forma consciente y deliberada.

Ante estas personas, tienes que cambiar tu actitud. Tienes que saber decir ¡ya basta!, apartarte y tomar distancia.

En muchos casos, una relación profunda y constante con personas tóxicas puede afectar gravemente a uno mismo ya que son capaces de disminuir la autoestima, y en situaciones límite, conducirte a la depresión.

LAS BUENAS AMISTADES

Una buena amistad a diferencia de las relaciones con la familia, se elige no se hereda. No exige compromisos como con la pareja, ni pactos de exclusividad.

Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Las buenas amistades son básicas para la vida y para poder mantener un equilibrio emocional. Sin embargo, no todos quienes se dicen nuestros amigos lo son de verdad. Las amistades verdaderas como muy bien dicen, se pueden contar con los dedos de una mano.

Una amistad verdadera, se preocupa sinceramente por ti, no aparece solamente cuando te necesita o cuando no tiene algo mejor que hacer. Por eso está pendiente de lo que te ocurre y no espera a que tú la busques para hacerse presente. Será la primera en llegar cuando pases por un problema grave.

Esta amistad siente por ti una preocupación desinteresada. Simplemente te aprecia y quiere que estés bien. Siempre tienes la certeza de que está ahí.

La buena amistad se basa en una aceptación mutua. Un amigo de verdad no te cambiará, ni estará en función de criticarte o cuestionar tu vida. Conoce tus defectos, pero no tiene interés en recordártelos. Y si lo hace, seguramente no es con la intención de que sufras. Quiere entenderte, no juzgarte.

Un buen amigo está abierto a la comprensión. Te escuchará, intentará entender tu posición y no señalarte tus errores. Por eso, con esa persona te sientes cómodo al ser tú mismo, al mostrarte tal y como eres.

Una amistad verdadera se esforzará en escucharte de forma activa, que no es lo mismo que quedarse callado mientras otro habla. Escuchar es no interferir con lo que el otro dice, si no es necesario. Es aceptar lo que el otro expresa, sin gestos o actitudes de desaprobación. Escuchar es acompañar en silencio a alguien, mientras da forma a sus ideas y a sus sentimientos a través de las palabras.

Los grandes amigos son sinceros, no fingen, ni lo que piensan de ti, ni lo que sienten por ti. No hay lugar para la falsa cortesía, ni para la hipocresía, entre los amigos de verdad.

En las relaciones normales, un disgusto o una pelea puede causar heridas. Pero en la amistad no. La amistad verdadera olvida fácilmente esos conflictos y pasa la página sin problema. Por supuesto que hay límites, pero se eliminan.

En resumen, debemos valorar las amistades no por su cantidad sino por la calidad: unas amistades confiables y que estén a tu lado tanto en los buenos como en los malos momentos deben ser cuidadas como parte esencial de una vida sana y feliz, quizás por esto valoro tanto la amistad.

Antes de pensar si tus amigos cumplen estos requisitos, evalúa que tan buen amigo eres tú, porque quien sabe ser amigo verdadero, siempre encontrará amigos de verdad.

 

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Francesc Assens

 

Acerca del autor

Soy Francesc Assens, Me dedico al coaching personal, al coaching de equipo (o profesional) y al coaching de empresa. Un coaching para el bienestar basado en la psicología positiva, las relaciones humanas y el crecimiento personal. Me defino como una persona alegre, positiva, pero al mismo tiempo también realista. Creo que siempre podemos mejorar la manera de hacer las cosas si nos lo proponemos. Podemos conseguir grandes cambios sostenibles en el tiempo. ¿Cómo? Saliendo de la zona cómoda y tomando riesgos inteligentes, buscando un equilibrio entre la reflexión y la acción.

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